Un día, Jesus vino.
Y andó por esta tierra. Completamente humano. Esencialmente Dios.
Conoció a muchos en persona.
Curó. Lloró. Abrazó.
Su voz es la voz que no condena.
Es la voz que te llama.
La voz que te encuentra cuando nada más queda.
Él es la presencia que llena tu corazón, que conforta en días difíciles y celebra en los días de alegría.
Aunque no lo veas, él te ve. Él te ama. Él te protege y te acompaña.
Jesus, completamente humano, te comprende, pues lo vivió en la carne y entiende las dificultades que puedes pasar en esta vida. Y completamente Dios, te bendice, con todo lo que hizo por ti.
En la cruz demostró su amor. Desde del cielo intercede por ti.
Conócelo. Vale la pena.